lunes, 15 de febrero de 2010

Restaurante Ana (Santiago de Compostela)

Fue en los primeros días del 2010, cuando visité por fin este restaurante y es que lo tenía en el punto de mira desde hacía tiempo. Mi principal sensación a la hora de visitarlo era "a ver que tal me encuentro fuera del Nove"; parecerá de chiste, pero es qué si tuviese ganas de caminar podría ir a pie mis venerados Casa Marcelo o El Mercadito... ... reconozco mi obsesión por ambos, pero veréis lo que se alegró mi cartera de haber elegido el restaurante Ana .

Se que a muchos os parecerá de mal gusto mi costumbre de mostrar las facturas, pero yo lo hago con la intención de informar y colocar a cada uno en su sitio en todos los términos posibles. El factor económico es sin duda un punto a tener en cuenta a la hora de elegir un local, para casi todo el mundo. Advierto que en mi opinión hay sitio para todos, no critico la gestión generalizada de los locales; pero el catálogo de la restauración es muy amplio y a la hora de elegir debemos contar con muchos factores.

¿Que por que digo esto?; pues bien, si nos fijamos en panorama gastronómico gallego, veremos que al igual que en otros sitios, tenemos la alta cocina con una decena, o si me apuráis incluso en torno a una veintena de baluartes "pasarela" y por cada uno de ellos unos cuantos pret a porter.
Perdonad la comparación, pero si le vale a Ferran Adriá, ¿por qué no a mi?.
Pues bien el restaurante Ana se encuentra dentro de mi personalísimo baremo, entre este pret a porter; ofreciendo un completo menú degustación a 28 euros, cuando por una calidad similar tengo abonado cerca de 40. Por no hablar de los vinos, que reducen el precio con respecto a otros locales entre un 10 y un 40% (en alguno de ellos ni siquiera contamos con un servicio o almacenamiento superior que justifique este incremento en alguna medida).

El local se encuentra tal y como he mencionado en la zona vieja de Santiago y es un auténtico remanso, con un impresionante patio interior. Enmarcada dentro de un contexto de casa antigua restaurada o enaltecida con algún toque de modernidad, la verdad que sorprendente y agradable. La decoración interior es intima y acogedora, aprovechando el entorno y la iluminación es más que correcta. La entrada del local accede directamente a una amplia barra que se sitúa entre la cocina y los comedores.
Debo decir que el menaje es bastante bueno, sin llegar a la primerísima calidad, pero correcto, al igual que los asientos. En cuanto a la carta, sin ser demasido extensa está bien esquematizada y ofrece todo lo necesario, repito que a muy buen precio. Con la carta de vinos os podéis esperar más o menos lo mismo, pues es suficientemente completa y con unos precios que da gusto pagar
Mi intención era la de pedir el menú degustación y costando este 28 euros (iva incluido) probablemente lo hubiese preferido a pedir por carta si esa fuese mi intención inicial.
Para regar el menú me rebané los sesos considerablemente, hasta que delante de mis ojos pude ver el Neo del '06 a 37 euros; tengo pagado 49 por la misma añada. ¿Que decir de este vino?; pues que lo probéis. La cosecha de ese año dio como resultado 22.000 hermosas botellas de un vino que, tal y como lo describen en la carta de Pepe Vieira, es "puro rock & roll". No se podría resumir mejor; pese a no ser ningún "entendido" en la materia, bebiendo este vino no te puedes aburrir jamás; el baile de aromas y sabores (vainilla a saco) es una constante alegría para el paladar, una montaña rusa, vamos.
He de confesar que estaba intentando encontrar un maridaje más adecuado para el menú, pero sencilamente no me pude resistir al valor seguro del Neo.

Del servicio me llevé una impresión buena sin más; lo que si me llamó la atención es que tanto en sala como en cocina sólo hubiese chicas. Muy agradables ellas; me recomendaron visitar algún que otro restaurante de la zona y me anotaron sus nombres en una hojita; muy amables, que más puedo decir.

Vamos con la pitanza:


Como aperitivo me sirvieron unos rollitos de gambas, diría que con pasta filo. Bien, calentitos y ricos, aunque puede que un pelín pasados de cocción.



Continuamos con un timbal con gambas o langostinos, no recuerdo, y verduritas. Muy rico, el tema iva in crescendo... Los puntos correctos.




Siguiente plato; brocheta de vieira y salmón sobre arroz caldoso. ¡Pedazo ración!, me hubiese valido para compartir. La brocheta muy rica, aunque el salmón mandaba demasiado y el arroz, sencillamente espectacular.



El último de los salados fueron la carrilleras sobre fondo de patata, con puré de castañas y manzana caramelizada. Buenas, sin llegar al delirio o a la emoción, pero con una preparación correcta y una buena combinación de sabores que se elevaba ayudada por el Neo.


Comenzamos el apartado postres con unos exquisitos y originales canutillos crujientes de manzana rellenos de compota de manzana y sorbete de manzana asada. Perfecto el sorbete con un leve punto de amargor y ¿qué me contáis de los canutillos hechos con finísimas rodajas de manzana caramelizada rellenos de una finísima compota?. Un plato del que cualquier cocinero estaría orgulloso, dada la lograda combinación de texturas partiendo de la manzana como elemento principal.


Para rematar un postre lácteo, que me gustó incluso más que el primero; una crema de mascarpone sobre puré de mango. ¡Que rico y que suave!
Totalmente repleto remato la faena con dos cafés expressos, alegrándome de poder recomendar un restaurante de cocina contemporanea en el que se podría tomar un delicioso y completo menú degustación por poco más de 30 euros.


LA CUENTA:

  • Menú degustación.....28
  • Neo..........................37 TOTAL: 67,40 euros
  • 2 Cafés......................2,40
ACTUALIZACIÓN:
El domingo 21 de febrero coincidiendo con la apertura del recinto para el Forum Gastronómico 2010; visité Santiago y me reuní con un par de colegas. La verdad que se nos hizo tarde y dada la flexibilidad de este establecimiento; fuimos parar al mismo y repetí el menú degustación sin rechistar. El único cambio que se produjo en dicho menú, fue alguna que otra presentación.
Mis acompañantes quedaron impresionados por el local y más que satisfechos por el menú al que dicho sea de paso, fui invitado. ¡Gracias pareja!

jueves, 11 de febrero de 2010

Vinoteca O Gaiteiro. (Cabanas)

"diario de la nutrición del espíritu"; suena rimbombante, lo se y aunque empezó como broma ahí quedó. ¿Por que digo esto?, pues bueno, a veces explicaba medio en broma, cuando alguien me preguntaba si merecía la pena dejarse caer por ciertos establecimientos; que era por lo que realmente pagaba, o lo que yo intentaba encontrar.
Pues bien, este punto de "nutrición", o satisfacción y aprendizaje lo podéis encontrar en

Hacía ya tiempo que conocía este local y lo que en el se "cocía" por medio de una amistad con la cual nunca pude asistir al mismo por motivos de peso; el mismo que años atrás me había dado a probar una botella de vino con un precio superior a 10 euros (¡menudo escándalo!, con eso arreglaba botellón para dos...). Así que la primera vez que pise el local ahí por el '06 - '07 sabía un poco con lo que me podía encontrar; básicamente un rincón agradable (y distinto) con una selección de vinos para aburrir, algunos de ellos por copa.

Sobre este local cabe señalar su peculiar situación, a media distancia entre Pontedeume y Fene, en Larage; entre la carretera principal y una iglesia con su cementerio. En el mismo podemos ver una placa que reza "...como me ves, te verás...", lo cual siempre anima a ser prudente al volante...

En la puerta de la entrada al local, bajo un toldo con el nombre del mismo como único aviso o reclamo a los posibles clientes, se puede ver, además del horario, el aforo en barra y comedor (6 pax, para este último), además de algunos de los caldos y delicatesen que allí se pueden degustar.
En el interior os podéis encontrar con la iluminación que más me agrada, o sea escasa, o tenue, si se prefiere. Ambiente muy acogedor y con una decoración que por su temática recuerda en todo momento que estás en una vinoteca; ciertamente es difícil mirar a algún sitio en el que no se pueda observar alguna vitrina con botellas, decantadores, y demás complementos relacionados con el mundo del vino, o una estantería plagada de libros gastrotemáticos. Todos estos elementos, además del saber hacer de Suso, dueño del local, logran que las horas pasen como minutos y que las prisas y demás malestares se queden a un lado.

Tras unas cuantas visitas al local comencé a interesarme por lo que podía comer allí, aparte de unas tostas con una pinta estupenda, caviar de erizos. anchoas de Santoña, un estupendo jamón, algún queso, etc. Entonces cayó en mis manos una original carta que contenía dos menús degustación, a cada cual más apetitoso. Estos menús se sirven en mesa y siendo la capacidad del comedor de seis personas, conviene, o más bien es necesario, reservar.

El pasado mes de enero probé junto con dos de mis "secuaces" el menú degustación acompañado de unos fantásticos vinos, que escogimos de entre la apabullante carta que nos ofrece O Gaiteiro. Los menús se ofrecen con unos fantásticos maridajes, que recomiendo pese a no haber probado, pues se puede probar champange, vinos y vino dulce.

Para esa helada noche de domingo comenzamos con uno de mis vinos de cabecera, el Lynus Aurea, que estaba de vicio.
Sin prisas de ningún tipo nos sentamos a la mesa y comenzamos por elegir el agua y el vino con el que degustaríamos el menú.

Comenzamos con un plato memorable, el pastel de txangurro con caviar de erizo y sorbete de limón; espectacular en todos los aspectos. Probablemente con el champagne hubiese sido incluso mejor. Lo más sorprendente era la fusión de sabores, a lo cual ayudaba mucho el sorbete de limón.


Continuamos con un delicioso foie en dados con granada y gelé de manzana. Riquísimo con el pan de tres tipos con el que se acompañan los menús.






 





Volvemos al pescado de mano de un taco de atún de almadraba con pisto. El atún impresionante, perfecto de punto pero caliente y el pisto muy fino y bien ligado.











El último de los salados fueron las carrilleras de ibérico con foie y frutos secos. Riquísimas y contundentes sin resultar copiosas. La salsa logró que más de uno rebañase, aunque quede mal decirlo.









 
Para el postre un delicioso contrapunto de sabor, textura y temperatura; sorbete de mandarina con coulan de chocolate. Gran final.
Este menú lo acompañamos de un par de botellas de La Cueva del Contador que rondaban los 65 euros cada una. Como vereis en la foto elegimos dos añadas diferentes y hubo unanimidad en que la del '05 fue superior a la del '07.



Rematamos la velada con unos expressos Illy (invitación de la casa) y unos licores.
Normalmente muestro la cuenta punto por punto, pero en esta ocasión no será así, por el único motivo de que se me olvidó la factura. Puedo decir no obstante que el menú degustación fueron unos 40 euros, que serían 65 si la carne del final fuese Kobe. Creo recordar que ambos incluían el pan, con lo cual sólo nos quedaría sumar el Lynnus (algo más de 30) y el agua Voss.
No dudo en recomendarlo; probarlo y ya me contareis.

domingo, 31 de enero de 2010

Zambujeira do Mar (sur de Portugal)

Con el principal motivo de la reunión de Faith No More programé un viaje a la costera localidad de Zambujeira do mar. El viaje en si fue uno de esos "visto y no visto" que siempre tratro de evitar sin un motivo de peso; pero el poder ver a mi tan venerado Mike Patton en carne y hueso pesó lo suficiente como para no tener que pensármelo.
Para este viaje nos reunimos cuatro coleguillas con gustos más o menos afines y con el común propósito de divertirnos en un ambiente diferente al habitual. Aunque el ambiente en un festival biene a ser cortar y pegar, pero bueno, sedientos de el formato macro y el, en principio, variado cartel que ofrece el Festival do Sudoeste, allá nos fuimos de cabeza.

Para ello nos dispusimos a atravesar prácticamente todo Portugal en el furgón Volswaven modelo California de uno de los colegas. Siendo las 14:00, esperábamos estar en el meollo festivalero ahí por las 22:00 (hora portuguesa). Como siempre hubo rezagados a los que esperar; es curioso que quienes menos prisas tengan por salir, sean luego los que más quieran apurar el regreso. En fin...

Huelga decir que este viaje lo único que tuvo en relación con lo gastrónómico fue la diversa oferta de cachorros, bocatas, bifanas, creppes, pizzas, kebabs, etc.. que nos encontramos en el recinto del festival.; amén de los inevitables bocatas que engullimos en las paradas relámpago en las cuales repostábamos y hacíamos nuestras humanas necesidades.

La primera noche cumplimos el objetivo de llegar a la hora prevista, lo cual ya fue para darse con un canto en los dientes. La noche transcurrió alegre y sin incidentes mientras disfrutamos de un par de actuaciones señalables antes de la inevitable zona dance-tecno-pisca-pisca que bueno, cumplía aunque hubiese preferido estar en una tumbona en plan chill out ahí por Caños de Meca.

El festival en si, aparte de enorme y multitudinario, se situa en una zona de temperaturas suaves, haciéndose notar la zona que ocupa, geográficamente hablando, incluso en el físico de los aistentes; o en esos concluimos tres de los cuatro expedicionistas antropólogos que por allí pululamos. Bromas aparte, el ambiente, aunque un pelín más frio y recatado que por otros larers; estaba bien pese a la nefasta programación de escenarios simultaneos que tanto detesto.
No se puede estar del todo a gusto cuando sabes que pese a estar viendo un show que te agrada, a unos metros está actuando otro al que también te hubiese gustado ver. Por no hablar de la desagradable mezcla de sonidos provenientes de distintas actuaciones que se produce en las inmediaciones de las mismas.
Algo a tener en cuenta es que de ese modo, la fiesta remata mucho antes. Para mi no fue problema pues el plato fuerte vendría la próxima noche.

La mañana siguiente amaneció espléndida y nos dispusimos a conocer un poco la zona. Aparte de gozar de muchísimas más comodidades que una tienda de campaña, nuestra casa tenía ruedas!!!, así que plegamos y hechamos a andar en ella.

Una vez en el centro de Zambujeira, aparcamos y contribuimos a la invasión del pueblo por parte de los festivaleros. Un servidor, ávido de mar y arena, no evitó la tentación de salir con la toalla al hombro para darse un paseo por las calles y conocer un poco lo que nos rodeaba. A más de uno del grupo las construcciones les recordaban a Palma de Mallorca, donde habían residido largas temporadas; yo percibía algún que otro aire alandalus al que tampoco daba demasiada importancia. No se bien por que, el paraje me recordaba a una urbanización de San Vicente do Mar ( cerca de O Gove) en la que tengo estado de paso. Pero lo que si llamaba la atención era la enorme placided y tranquilidad que ofrecía el lugar con esos preciosos e imponentes acantilados entre los cuales se hallaban discretísimas playas.

No se como estará visto por esos lares el tema naturismo, la verdad que al final me quedé con las ganas de mi ración de sol y mar.

La verdad no se que núcleos urbanos estarán cerca de este pueblo a parte del Algarve, pero parecía estar en medio de ningún sitio, transmitía una extraña sensación de calma e invitaba a quedarse unos cuantos días a no hacer nada, sin otro propósito que desconectar y relajarse.
Al acercarnos al pueblo paramos en alguna que otra terraza, de estas que están no en una acera si no que ocupan toda la calle. Allí permanecimos un buen rato recostados sobre nuestras sillas bebiendo unos mojitos que estaban de muerte.

Ya en el centro, los puestos de los hippies en el camino a la playa grande, eran un auténtico hervidero del que también disfrutanos hasta la hora de regresar al recinto.

Antes del anochecer unos procuramos algo de comida mientras otros calentaban motores en el minibotellon que todos acabamos disfrutando en el furgón. Daba la sensación de que estábamos en el salón de nuestra casa pero con las primeras notas del festival comenzando a sonar de fondo.
Cuando nos quisimios dar cuenta estábamos cada uno por su lado disfrutando de la enorme y sobervia actuación que nos ofrecieron los FNM. La verdad que estuvieron sembrados (superiores incluso en la estética del escenario) y justificaron se sobras mi asistencia al Festival do Sudoeste.Disfrutamos juntos el resto de la noche, hasta que poco a poco fuimos cayendo reunidos de nuevo en el furgón.
El día siguiente fue un continuo maratón de regreso a casa sin nada que señalar aparte de los hemosos paiasajes que se podían ver desde los escasos tramos que no discurrieron por autopista y alguna que otra equivocación causada en parte por la resaca de piloto y copiloto o por el placentero sueño que los ocupantes de los asientos traseros disfrutaban.
Bueno, antes de las 23:00 estábamos de vuelta. La sensación final es la de que tendría que madurar el viaje y el conjunto de vivencias dentro del mismo. De veras que no recomiendo estas salidas tan fugaces, prefiero disfrutar de la lentitud de las cosas, despreocuparme y olvidarme de cualquier tipo de agobio, pero debemos ver el lado positivo de todo esto y es que siempre nos quedará volver con más calma. Si hiciese una analogía gastronómica la situción se parece a ese pinchito que tomas por primera vez con cierto apuro en medio de un ambiente bullicioso y te da pie a profundizar en ese plato (en tamaño ración) cuando se te presente la oportunidad.

sábado, 30 de enero de 2010

Restaurante Chef Rivera

Veamos un ejemplo de que no hay bien que por mal no venga. Al día siguiente de haber cenado en el restaurante Olivo, amanecí enérgico en Padrón y tras una visita a la piscina municipal con sesión de sauna incluida, introduje la llave en el contacto del Danimovil para comenzar el viaje de vuelta a casa. El coche estaba prácticamente muerto a causa de que se me habían quedado las luces encendidas. Me dije a mi mismo "te tomas un par de vinos, pues parece que amaga encender y pruebas más tarde" y así fue; sólo que antes ya de entrar en el primer bar, vi de reojo, al otro lado de la carretera, el cartel de Chef Rivera. Ese fue mi primer impulso diabólico, el segundo fue una copa de vino y que mi carro seguía sin poder arrancar.
¿En que concluí?; pues en un :
"vale, ahora entre que llamo a la grúa y esta aparece, ya no llego a comer a la hora. Chef Rivera, ahí te voy!"
El local está situado en el centro de Padrón y aparte de restaurante; ofrece hospedaje; la verdad que está en una callejuela que no dice demasiado sobre el interior.
Se ha escrito mucho sobre este local, pero hasta que no se ve...

La cantidad de carteles y pegatinas con soles Capmsa, recomendaciones en distintas guías, etc sólo se supera con la galería fotográfica del interior del local, situada en el pasillo de acceso al comedor, en la que podemos ver fotos del mítico chef con las más variopintas personalidades, (que van desde Camilo José Cela hasta el juez Garzón , pasando por el mago Tamariz, una Miss Venezuela o JuanCar y doña Sofia) amén de premios, distinciones, autógrafos y reportajes sobre su mítico Chef.

Al entrar por la puerta principal nos encontramos el bar; bastante clásico y luminoso, al igual que el resto del local. He dicho bastante clásico y sí, es un pelín "clasicote" (incluso en los uniformes del servicio) pero resulta agradable, no le puede lo rancio de otros locales.

No soy demasiado partidario de los restaurantes con bar, pero gracias a que el comedor se separa con unos metros de pasillo, unos aseos muy completos y se enmarca en una cristalera y unas paredes plagadas de cuadros. Con esto quiero decir que en el comedor no se filtraban ruidos, humos, etc.
La carta de vinos del Chef Rivera es también bastante clásica, pero lo suficientemente amplia como para contentar a cualquiera. En cuanto a sus precios ni fu, ni fa; por lo menos no da la sensación de inexplicable sobreprecio de otros sitios.
Mi elección, un Mauro ( D. O. Castilla y León); ¡Ole por mi!, había superado al Maleoulos de la pasada noche a un precio inferior. El vino en si es profundo, muy juguetón en aromas y más goloso que potente. Aunque parezca mentira, no lo había probado.

La carta del Menú incluía un Menú degustación largo a unos 55 euros , creo recordar, y cuya temática era la por aquel entonces todavía vigente, temporada de caza; que con la de setas es mi favorita. De todos modos, escogí como opción comer por carta dos de las recomendaciones del día.

Como aperitivo me sirvieron una deliciosa crema de calabacín servida en chupito. Ideal para abrir boca, perfecto de temperatura.









El primer plato, unas zamburiñas frescas, fue un deleite de cabo a rabo. Las mejores y más ricas que probé en mi vida con una sencilla salsa con un delicioso toque cítrico y un punto perfecto. El producto hablaba por si mismo:


El segundo plato era tambien el segundo plato principal del menú degustación y también recomendación del día. No creo que halla en toda la carta un plato que me guste más. "Solomillo de venado con ciruelas asadas"; casi se me caen las lágrimas de lo impresionante que estaba tanto en la presentación, como en la cantidad, la acertadísima combinación de sabores y el punto de la carne P E R F E C T O. Se deshacía en a la boca como la mantequilla. Todo un festival al acompañarlo con el Mauro.

En uno de esos momentos de intenso disfrute levanté la cabeza y mi mirada se cruzó con la de la camarera que me estaba atendiendo, ella se dio perfecta cuenta de lo mucho que me estaba gustando el plato y no pudimos más que reírnos; la verdad que sobraban las palabras...







Para el postre, sin ya demasiado poder de decisión pedí que me trajesen el que más les chistase preparar en cocina.
A la mesa llegó un vistoso brownie con helado de yogur y frutos rojos. Bastante bueno.
Rematé con un par de cafés a los que fui invitado, como debe de ser y no hay más.

LA CUENTA:
PAN 1.00
ZAMBURIÑAS 13.00
SOLOMILLO 20,10
MAURO 40,30
AGUA 0,80
BROWNIE 6,08
CAFÉ INV. TOTAL+ IVA: 85,90




viernes, 29 de enero de 2010

Restaurante Olivo (Pontecesures)

Día 30 de diciembre del '09; comienzo mis vacaciones a lo grande. Después de una temporada trabajando en el sur y tras haber pasado por Pontecesures en múltiples ocasiones, me dispuse a aventurarme a un restaurante que estando a pie de carretera me había llamado mucho la atención por su estética. Tras haber curioseado en su web, vi como mis espectativas hacia el restaurante Olivo se multiplicaban.
El local del chef J. Luis Baleirón es ciertamente espectacular, con un diseño muy actual, alberga dos comedores con diferentes toques estilísticos. Desde ambos las vistas son una grata sorpresa no anunciada, pues como ya he dicho el local está a pie de carretera.

He de decir que esa noche, si exceptuó al chef y al servicio cené sólo, no sólo en mesa, si no que en todo el local.

Una señora me recibió y me atendió amable sin poder disimular ella el misterio que le suponía mi visita. Quitando esto y tras haber pedido el "Menú Degustación en Navidades", me hechó un cable a la hora de elegir el vino muy de agradecer. Sin salir de mi querida Ribera del Duero (emplazo a quien lea esto a que me de ideas sobre mis prácticamente olvidados vinos gallegos) me ofreció un Malleoulos, al cual no dije que no y tampoco me arrepentí. Del mismo sólo diré que sin estar entre mis cinco y probablemente diez favoritos; no creo que exista ningún a aficionado a beber vino al que le disguste pues no peca de excesivo en ningún aspecto. Que por el precio se encuentren muchos mejores o que gusten más ya es otra cosa.

Mientras esperaba el menú escuchaba en el hilo musical un nefasto programa sobre actuaciones de orquestas con carteles de verbenas y llamadas de oyentes para llevarse una camiseta de la Panorama o anunciar las fiestas de su parroquia. Esto no cambió en toda la velada.
No concibo esto en un local al que se le supone cierta categoría, repito; NO LO CONCIBO.

A parte de este fallo de ambientación, el menú se sirvió en un ritmo impecable. Comenzamos con un aperitivo de la casa que incluia: un rico hojaldre al curri, unas buenísimas olivas con tomate en conserva y una "regulera" tortilla con pulpo.
El primero de los entrantes fue un medallón de vieira en crujiente de katafi con rúcula y boletus. Esto ya son palabras mayores, plato para disfrutar incluso al recordarlo. Buen producto y buenísima conjunción de sabores.

Continuamos con unos un cornetto de berberechos y setas. Este plato estaba al nivel del anterior con la pega de que los berberechos estaban algo pasados. De todos modos, ambos encarnan el tipo de cocina que me hace disfrutar.

Continuamos con un lomo de lubina sobre crujiente con almejas y salsa de azafrán; bien de punto, bien en cuanto a la presentación (aunque no tan vistosa como los dos anteriores) y perfecto de cantidad. Muy bien por tanto.

Era el momento de descansar y alegrar el estómago con el sorbete casero de pomelo rojo con vodka. Suena bien y estaba bueno.
El último plato antes del postre; medallones de solomillo de buey "rossini" con foie. Esperaba que este plato fuese el gran momento de la noche, pues soy gran amante de la carne de buey tanto como de un buen foie, pero aún estando bueno no llegó a emocionarme aunque si disfruté del vino como un enano.


Por último el postre; una tartita de chocolate en dos texturas.; que resultó ser un coulan con algo de granada. Muy bien de punto, pero debería acompañarse con una bola de helado o algo por el estilo y más teniendo en cuenta que era el único postre que incluía el menú.
Acompañé el postre de un riquísimo Porto vintage de 12 años.



- LA CUENTA:
  • Agua Mondariz.......3,80 (injustificada exageración de precio)
  • Malleoulos...............44,50
  • Menú Degustación..54,50
  • Pan.............................1,35 (aunque no lo hubiesen cobrado, no pasaba nada)
  • Porto Especial..........8
  • Café............................1,20(sin comentarios)
    Hendrik's- Tonic......9,50
Mi valoración del conjunto de este menú es buena pero hay que tener en cuenta los siguientes datos:
He de decir que los platos fueron bien anotados por el servicio y que el servicio del vino fue correcto obviando mi tan odiado accesorio antigoteo.
Hacia el final del menú el cocinero se acercó a mi mesa para interesarse por mi satisfacción. Este siempre es un gesto de agradecer y en esta ocasión no hubo excepción, pue Luis resutó tan agradable como breve.
Además las cartas son muy completas y sirven menú degustación a partir de dos personas, con lo cual en una mesa de seis (p. ej.) con otro de acuerdo ya lo servirían sin problema.
Fuera de esto el precio del agua es injustificable y el menú a casi 55 euros bien podría incluir el pan.
El gin tonic (con la tónica Sweppes de toda la vida) y con rodaja de limón en vez de una más apropiada monda se hace dos o tres euros caros.
Que me cobren el café, servido con un sobre de azúcar blanco, después de haberme cobrado el Porto, pues...
La falta de detalles es más que evidente y sobran sitios donde, por esos precios, no existen estas carencias.

domingo, 24 de enero de 2010

Casa Pardo ( A Coruña )

Voy hacer un salto en el tiempo con respecto a los artículos que he escrito últimamente para contaros mi reciente visita a Casa Pardo.
Un martes del pasado mes, me planté en la puerta de este gran restaurante. Su ubicación en la calle Novoa Santos, cerca del Fórum Metropolitano, no nos dice demasiado del mismo aparte de que carece de vistas al exterior. Mejor no os dejéis llevar por una falsa impresión; una vez dentro lo que se ve es más que suficiente.


En la fachada, predominan los mismos tonos oscuros, que también nos aguardan en el interior. Nada más entrar tenemos un estupendo hall-recibidor con una barra y una ventana que nos permite ver una pequeña parte de la cocina. Abriendo una enorme puerta de cristal pasé directamente al comedor, conducido ya por Serafín, el sumiller. La decoración en la sala es clásica pero con ciertos toques renovadores; resulta totalmente agradable dado el equilibrio de los mismos, pues sin caer en el minimalismo, no se encuentra para nada recargado. Diría que la decoración y la enorme calidad de los acabados logran transmitir la solemnidad propia de un local con mucha historia, dueño de una estrella Michelin desde hace ya unos cuantos años (creo que más que ninguno otro en Galicia) . Espacio entre mesas holgado estando las mismas muy bien vestidas y con menaje de primera. En cuanto la iluminación nos encontramos con el mismo nivel de calidad, pero es un pelín excesiva para mi gusto -reconozco mi total predilección por la oscuridad-.

Aunque todo esto que acabo de escribir, o casi, ya me lo esperaba dada la fama y lo que había leido sobre el establecimiento. Lo que realmente me sorprendió de cabo a rabo de la velada, fue el trato que recibí por parte del servicio, que fue, aparte del rigor de la profesionalidad; toalmente próximo y amable.

Sinendo esta la primera ocasión en la que me dejaba caer por aquí, y dada mi disposición, el Menú Degustación largo era prácticamente obligado. Sobre todo teniendo en cuenta que disponen, aparte de una completa carta, de un menú de mercado en el que exclusivamente servían pescados. A mi me gusta probar un poco de todo, pero una buena carne, es infaltable y en ocasiones elijo esta opción tanto para el primero, como para el segundo.

Con los vinos lo tengo igual de claro, aunque procuro probar cosas nuevas.
Dentro de la apabullante carta de Casa Pardo, pude encontrar varias opciones interesantes, sin demasiado exceso en los precios (grata sorpresa).
A punto de escoger un Mauro o un San Román, me decanté en último instante por un Escena (D.O. Finca Élez), que resultó ser un vino bastante peculiar con un punto de acidez muy juguetón, y con la madera en un plano bastante alejado, predominando aromas florales y frutales (no se bien por que me recordó a La Cueva del Contador). La maduración me pareció correcta y su buena conservación , junto con un adecuado servicio me hicieron disfrutar ampliamente.
No está mal para una primera cata, pero al finalizar la comida me percaté al interesarme por la añada, de que no venía reflejada en sitio alguno; lo cual me pareció bastante desconcertante.
Otro detalle que no me agradó fue el que le colocasen a la botella el antigoteo. Reconozco que es manía pero resta profesionalidad y no me gusta como cae el vino. En fin, soy así...

Vamos ahora con el menú.-
A modo de aperitivo me sirvieron una pizarra que contenía lo siguiente:
Una croqueta casera; bastante buena pese a su apariencia.
Una bolsita crujiente rellena de queso y gambas con salsa agridulce; algo mejor que las que pido habitualmente a la pizzeria que tengo de mano, pero nada del otro mundo.
Una zamburiña al horno; buenísima con sus jugos y ese toque cítrico tan ligero.
Una empanadilla de chipirones que no me convenció ni por su relleno, ni por su masa.
Una crema de caldo gallego; lo mejor, con su punto saladito y perfecta temperatura. Muy fina o muy ruda, según se mire.
Continuamos el menú con un impresionante entrante; terrina de foie con puré de ciruela y tiras de manzana. Para mi, de lo mejor de la noche. El foie fino y perfecto de temperatura para untar en las riquísimas tostas de pasas que ,pese a no ser caseras, son de altísima calidad (lo se por que las compro en el mismo sitio). Además la combinación de sabores y texturas, con el puré de ciruelas era sublime.
El siguiente entrante unas deliciosas almejas con una salsa muy ligera que potenciaba su sabor sin enmascararlo en ningún momento. Rivalizaban con las que probé e O Retiro da Costiña sin llegar a superarlas, pero estas eran de cuchillo y tenedor.
El primero de los platos principales fue una lubina sobre arroz. La lubina muy bien de punto, aunque no perfecta (vamos que no era un punto Solla, Yayo Daporta, o Marcelo). Incluso en A Estación o en el Playa Club me tienen convencido más... ...eso si, no siendo un 11 si se acercó al 10 y la guarnición de arroz con verduras y berberechos también muy buena, incluso en el corte de las verduras. Debo señalar que en cuanto a cantidad el plato serviría como "segundo" en un menú al uso.
Para rematar los salados un solomillo de ternera con foie, también muy bueno, pero sin llegar a emocionarme por completo. Lo cierto es que me hubiese gustado un pelín más cruda y en otras mesas pude observar puntos mejores, lo cual me alegra más que me entristece pues pienso volver. La salsa era para mojar pan, que por cierto estaba buenísimo.
El capítulo de los postres se abrió con una deliciosa y refrescante copa de crema de piña colada con espuma de coco. Rica, rica y muy de agradecer que fuese ligera y refrescante dado que estaba a punto de explotar.
Continuamos con un hojaldre con crema y nata, clásico pero rico que venía acompañado de un helado (creo que de galleta) y un fresón natural cortado en láminas.
Por último un buen expresso que venía acompañado de unos petit fours que no pude dejar de probar; un bombón, creo recordar que con pimienta y una espuma de crema catalana con un fondo de limón. Este último se llevó sin duda mi primer puesto en el apartado dulce.
LA CUENTA:

Menú degustación- 60 euros
Agua- 2 euros
Manuel Manzaneque(vino)-40 eursos
TOTAL + IVA: 109 euros

No se puede decir que sea barato, pero está claro que fui a por todas. Observad que el menú incluye pan y servicio, que el agua no tiene un precio exagerado y que me invitaron al café. Con esto quiero decir que van de frente y me gusta esa filosofía; en otros sitios cogen de aquí y de allá y cuando te enteras te sablaron 10 euros sin aportar nada. Impecable servicio, volveré.

Albóndigas de bonito y remolacha.

Vamos allá con esta sencillísima receta que, a modo de aperitivo o entrante, es muy resultona.









INGREDIENTES (4 personas):
  • Una lata de bonito mediana (225 g.).
  • Dos huevos.
  • Un tarro pequeño de remolacha rayada (110-150 g.)
  • Media cucharadita de orégano, albahaca o tomillo.
  • Media cucharadita de jenjibre.
  • Brotes para ensajada, canónigos berros o una lechuga rizada.
  • Entre 12 a 16 pistachos pelados o medio aguacate en láninas finas. Opcional; unos 8 cherrys rojos amarillos o tipo pera. Unos pimientos del piquillo.
  • Pan rayado.
  • Harina.
  • Aceite de oliva v.e
  • Vinagre de Módena.
  • Sal.
-Lo primero que debemos hacer es escurrir el atún y la remolacha, siendo bastante meticulosos con este último. Lo mezclamos bien, poniendo atención en deshacer el bonito lo más posible. Añadiremos sal, un huevo batido, la especias y, de modo opcional, un chorrito de vinagre blanco, de arroz o incluso de jerez para dar un toque de acidez. Removemos bien, añadiendo una cucharada de pan rayado y un chorro de leche caso de ver la mezcla demasiado seca.
Dejamos reposar una o dos horitas. Esto último tampoco sería absolutamente necesario.

-Disponemos un cazo, sartén o freidora con bastante aceite (0,4) y ponemos a calentar.

-Trabajamos la mezcla y hacemos unas albóndigas de tamaño considerable (con que salgan 8 basta).Rebozamos las albóndigas en harina, huevo y pan rayado. Las freímos con el aceite muy caliente en dos tandas de cuatro. Al retirar, escurriremos bien y las depositamos en un plato con papel absorbente.

-Preparamos una vinagreta con tres partes de aceite de oliva v. e., una de vinagre, sal y pimienta. En un bol disponemos los brotes con los pistachos o el aguacate y los cherrys en mitades. Añadiríamos la vinagreta recubriendo las hojas, brotes y demás de modo uniforme.

-Para emplatar un par de ejemplos visuales; el de arriba y este:


PREPARACIÓN: 15 min