domingo, 8 de mayo de 2011

Me aburro, no se que hacer... ¡VOY A COCINAR!

Dejaré constancia, en una serie de post con el título que se lee arriba, de mis ñapas más recientes, que aparte de servirme como alimento, solucionaron esas mañanas, tardes, o noches en las que no te apetece salir (o más bien NO SE PUED€ ) y te enfrentas con mayor o menor suerte a los fogones.

Como soy muy fan de David de Jorge; os repetiré el consejo que no deja de dar programa tras programa:
"Quitaros la pereza y poneros a cocinar, que es lo mejor que os llevaréis de este mundo".

Aunque el resultante sea la ristra de chorradas que veréis a continuación; siempre es mejor que la enfermiza comida industrial.

DOS RODAJAS DE SALMÓN (que no era salvaje, pues se dejó hacer sin oponer demasiada resistencia), UN ASALTO A LAS ALACENAS Y AL FRIGORÍFICO. A VER QUE SALE... -Aunque lo parezca, no intentaba hacer sushi-.

Primero de nada, que nadie ponga como excusa el no disponer de tecnología punta. Yo, de vez en cuando, hago platos dignos en el artilugio que veis en esta imagen. 
De las ventajas de vivir en un humilde piso de alquiler en vez de estar ahogado en una hipoteca, ya hablan los demás post...
Cuando no se sabe bien que hacer, lo más divertido -o a mi me lo parece- es olvidarse de métodos y hacer tormenta de ideas con un lote de ingredientes.




Claro está el ingrediente principal, merece que le dediquemos su tiempo

 Aquí ya tengo algo parecido a un ceviche y unos tacos desiguales, poco vistosos, pero sabrosos con el marinado de salsa de soja, aceite de sésamo y AOVE.


Un aliño, me recordó; "tengo en la nevera una lechuga en grave peligro de descomposición y a los amantes de los rallyes que vociferan en el salón, con la misma les apetece picar algo"



 El ceviche (llamarle X, si lo prefieren), sobre una patata bien cocidita, con su piel y todo.



A mi, que soy un guarro del copón, me gustan las pieles crujientes, con su grasilla interior acabando por formar parte de mis niveles de colesterol y, por lo que se vió, a alguno más también.


Lo dicho, no quería hacer sushi, sashimi, ni nada de eso; pero debí haberme pensado mejor como se come esa  salsa con almendras con brochetas... Creo que con esto me bajaron una barra de pan, si es  que con comensales agradecidos, ¡no hay fallo!!!

24 horas después, estos tiernos tacos de salmón marinado con un leve salteado, me sirvieron de cena ¡estos si!!!

sábado, 7 de mayo de 2011

A GABEIRA 4.0 -Ferrol-



Cuarta visita, de ahí la chorrada del 4.0, a este reconocido restaurante situado en Balón, a las afueras de Ferrol.

Quiso Diós (y esto viniendo de servidor,  lo pueden ustedes tomar a cachondeo), que me acompañase el mismo individuo con el que había ido la última vez, para corroborar que esta fue enteramente superior, en cuanto al resultado de la gastroexperiencia en si. ¿Que decir de A Gabeira?, pues lo de siempre; que es un clásico, que raya cada vez a mayor altura, ofreciendo unas carta de comidas extensa a la par que lograda -difícil tarea- y otra de vinos enorme (300 y pico referencias) y de precios lógicos -dado el entorno, creo preferible utilizar este término antes que "contenidos, o baratos."-.
El servicio acompaña cada vez más y mi fidelización hacia el negocio es ya un hecho, que viene dado por lo anteriormente narrado y por la casi siempre agradecida proximidad geográfica.

Esta visita me ha dado el puntito de experiencia para recomendar que se preste mucha atención a las sugerencias fuera de carta. En esta ocasión tenían lamprea, camarones y algún plato más que no recuerdo.
Espero que mi siguiente visita a este restaurante, de como fruta la narración de un menú degustación encargado con suficiente antelación, como para que el cocinero pueda poner todo su mimo en su elaboración. De todos modos y pese a haber surgido sin haberlo planeado, creo que la comida, da para la realización de una GUÍA RÁPIDA DE GRANDES HOMENAJES (así, con mayúsculas).-

1. Llegada 10 minutos tarde -marca de la casa-, suficientes como para que se den cuenta de que aún no ha llegado el cliente, pero no como para que se acuerden de toda la  familia del capullo ese que no da señales de vida.

2.Habiendo dejado el escorpión que de vez en cuando se instala en mi bolsillo -doy fe que de las experiencias aquí relatadas, mejor sería que hubiese acompañado de vez en cuando- y comenzar a abrir boca con un aperitivo sin fisuras. Unas cigalitas, de esas frescas y bien sabrosas.... de esas que se acompañan de un jugo responsable de que mi cupo de pan quede caput para el resto de la comida y media botellita de cava para bajarlas, ¡que menos!!!


Antes había llegado un aperitivo de la casa que recuerdo de casualidad, por que al lado de los bichitos, se quedaron en na. Una ensalada de primavera, bien, rica con una especie de mahonesa más ligera de lo habitual.


3.A por todas con los entrantres, lo de compartir lo dejamos para otro día. El huevo a baja temperatura con setas, crema y velo de tocimo a.k.a. Joselito; no se, pero si esto en no es porno... Si no es porno, no se que es, por que a los ocupantes de las otras mesas les he debido de dar asco, o ganas de pedirlo.., Ya sabéis, el típico "de primero me va a poner eso que está tomando el tipo de ojos en blanco, que no para de gemir".

Los canelones de matanza que se zampó el fartón que tenía enfrente, tampoco tenían mala pinta.

4. A ver que vino pides para tremendos platos... pues la llave que abre TODAS las puertas (algunas de un patadón, tipo poli yankee) se llama La Cueva del Contador 2004. Nota de cata:
O te gusta.
O te gusta mucho.
O matarías por otra copa, que es mi caso; bueno mi caso es más el de morir que de matar,  pero esa es otra historia...
Eso si, señorita, tras tan elegante decantado; me lo enfría si hace el favor, que no mola comenzar a 20 ºC...

5. Uffffff, tienen la pechuga de Pato Barberie Hembra; no me resisto.
Lombarda, ligero cremoso de queso no llegaron al éxtasis de los raviolis que la acompañaban mi primera vez; pero taba de muerte la pechuguita.


El bacalao rebozado en brona, era asunto serio -pese a la brona, ejem...-. Se deshacía en lascas, desplegando una serie de aromas que llegaban a mi pituitaria desde el bando contrario!!!






6. Por cierto, a mediados de los principales, La Cueva comenzó por fin a abrirse, coronando a sus bebedores, con el merecido premio premio a la paciencia, elevándose por encima de cualquier otro alimento que se haya posado en la mesa. Como de bien nacidos, es ser agradecidos; le dedicamos su tiempo tras haber elegido los postres y haber pedido un merecido paréntesis.

7. Los rulos de mandarina, rellenos de crema, con su sorbete de manzana o el milhojas de fresa y chocolate blanco (creo recordar, ¡si estamos al homenaje, no estamos a apuntar!), son postres finos y cargados de sabor como pocos. De entre los cienes y cienes de postres que adornan la carta de A Gabeira, yo os recomiendo las preparaciones que incluyan prearaciones similares a la de estos rulos con helado. El cocinero los borda; sencillamente inigualables. Es más, me arriesgo a decir que superiores  a la mayoría de postres megacomplejos de la actualidad gastronómica.


¿Algún vino dulce para las sobremesas?, pues para no bajar el nivel ante el vinaco que nos estábamos cascando, sería necesario un Oporto o un Tokaji de esos que son el triple de caros que la cuenta a abonar y de donde no hay...

8. Dos buenos expresos (por barba) y Gin Tonic, Brandy, más vino, ¿a donde vamos ahora?, etc, etc...
 
Concluye aquí este  poco recomendable relato, de una comida más que recomendable.

domingo, 1 de mayo de 2011

Repitiendo en El Mercadito "por partida doble" (Santiago de Compostela)

En una entrevista al director Bigas Luna, oí afirmar al mismo que cuando algo le gustaba sobremanera; prefería tener ese "algo", repetido. Pués está clara la analogía; El Mercadito es uno de mis restaurantes favoritos y de los pocos en los que prefiero disfrutar de una comida antes que de una cena (ni idea de por qué); pero en esta ocasión disfruté de dos veladas en el local del chef Gonzalo Rei.
La cosa es fácil de explicar; mientras disfrutaba el menú gourmet del que disponían ese día, me encantó volver a vivir el que considero como uno de los mejores servicios de platos y sobre todo del vino.
Diego (somelier), es un apasionado profesional que inevitablemente logra transmitir dicha pasión al comensal y no anima sino a dejarse en sus manos para que un menú degustación de lo más variopinto, pueda accederse en maridaje con tan sólo una botella.

El menú, que a continuación describiré con suma brevedad -lo prometo-; lo disfruté con un vino que me direon a conocer en Casa de Comestibles. Aprovecho para agradecerles que hayan puesto en mis manos tal hallazgo; pues tres de mis mejores comidas se acompañaron de este vino tan evolutivo y lleno de matices.

En fin y a lo que iba; si quien sirve el vino, conoce este tan a la perfección como los platos del menú, puede lograr de una comida; una montaña rusa en el levitar de los sentidos, de lo más provechosa. Creo que en eso se diferencian los profesionales; de los profesionales excepcionales y cuando se acude a un restaurante; se come, claro está que de un modo metafórico, TODO el restaurante.
Por que estaréis de acuerdo que la misma comida en medio de un vertedero o en una nave industrial abandonada, no sienta igual de bien.
Muchos tambien estaréis de acuerdo que teniendo a Bustamente, a King africa, o lo que es peor, a Shakira, de fondo musical; la vianda tampoco se digiere igual de bien.
Pues del mismo modo el camarero malahostia, por bien que haga el resto, o el que te saca el plato de delante con ese pedacito de lo que sea que aún podrías acompañar de ese nada de guarnición que meticulosamente has reservado, o el que  te mira como si estuvieses bajando de un platillo volante en el momento en que te dispones a disfrutar de una agradable y apacible cena en soledad. O, el que cuando preguntas ciertas características de un vino te responde "pssse, si lo tenemos en carta digo yo que estará bueno". O, el que parece tener como acometido principal, lograr que comas en menos de una hora, O, O, O, O, O, O....
Estar oyendo como el chef, baja a todos los santos del cielo y abronca a sus compañeros a grito pelado, tampoco mola...  ...a ver si va a parecer que tengo algo en contra de los camareros (porque NO). 

Como ya habré convencido a más de uno y otros ya estarían más que convencidos de que el restaurante se come TODO, con cabeza y espinas... hablaré de lo que allí se comió:


Como aeperitivo un estupendo steack tartare de ternera que, siendo de los que se condimentaron, más de lo que en principio me gusta; me agradó al 100%
La ensalada de tomate marinado relleno de brandada, sobre fondo de menta nunca defrauda; aunque en esta ocasión hayan prescindido de la aceituna negra.

El pulpo con parmentier de ajada estaba perfecto de punto y se maridó con una copa del Hipperia expresamente oxigenado para que el plato tuviese algo que hacer frente a su todavía desbocada -aunque agradable, en mi opinión-  potencia.
El huevo a baja temperatura, con su mojo, su cremita y sus lascas de bacalao se coronaba con un finísimo -tan fino como la cocina del maestro- chip de ajo; que en su conjunto, rayó a alturas celestiales. Con el pescado, lo que más me gustó del menú.
Dicho pescado fue una merluza confitada con jugo de pomelo, percebes y crema de codium. Sutileza, punto y gran combinación de ingredientes. Perfecta, pese a tratarse de  TAN MANIDA merluza.
Gallina en pepitoria con alcachofas fritas . Muy buen punto, algo excesiva la salsa; pero se agradece probar algo distinto dentro de estas degusdaciones.
Esta quenelle de chocolate abraza el mundo salado y el dulce. Deliciosamente potente.
Finísimo hojaldre con crema de vainilla. No tiene rival el hojaldre este. (SIN FOTO)

Lo creais o no, no reucuerdo de que se componía este postre. Digamos que en sobre una crema X nos encontramos un helado y una especie de torrija caliente.
Si recuerdo que me gustó.
Con un par de cafés y el oporto blanco con el que acompañé los postres, me despedí de mi mesa, hasta la noche. Me espera un arroz con foie, un entrante todavía por escoger y un postre. Diego tendrá carta blanca para los maridajes; o sea que ya me tardaba hacer la digestión.

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En esta ocasión -ya de noche- el aperitivo consistió en unos mejillones escabechados con aguacate. Dificilísimo maridaje; que vino a cargo de un godello. Esto de catar los vinos a ciegas es la leche -y para alguien tan limitado como yo, ni os cuento-; llegué a pensar en algún vino de Rueda; pese a que en nariz sí me recordaba al godello.
Como entrante pedí media ración de huevo a baja temperatura con pisto. Me encanta esta preparación, la verdad que Gonzalo la borda. Se acompañó de un semicrianza de Emilio Moro; Finca Resalso.
A modo de sorpresa, llegó a mi mesa un foie con fresas asadas. Se maridó con un sorprendente cocktail de ron y amaretto.
El cocktail, dejaba un gusto a madera en boca que ayudaba a juntar y a equilibrar los sabores de los ingredientes.  Me pedía en plato tanto para las fresas como para el foie, un buen golpe de pimienta recien molida.
Por ultimo el arroz cremoso de boletus con foie, mostró el saboir faire del cocinero para los arroces.
Se maridó acertadamente con un oporto blanco.

Para este postre me sirvieron un Juve & Camps rosado. Fresco, sin complicaciones.
En fin, un restaurante para volver y volver a disfrutar.
He comentado este restaurante en varias entradas e incluso una se ha quedado por voluntad propia en el tintero -ni mucho menos por mala-; digo esto por que llegado este punto es muy posible que deje de postear mis visitas al mismo, no siendo que encuentre alguna novedad o noticia de interés.
Por último os dejo un enlace a un blog que acabo de conocer, "APRENDIZ DE CHEF"; así podéis contrastar...

Sucedió esto hace unos tres meses, disculpadme por las deficientes fotos y mi escasa memoria.

jueves, 21 de abril de 2011

Allo & Aceite (II), Pontevedra.

Desde hace ya unos cuantos meses, el Allo e Aceite de Pablo Romero, se encuentra en el centro de Pontevedra, próximo a la alameda. (En el anterior enlace, podréis ver la ubicación exacta, así como unas cuantas fotos e información sobra el local ¡y la carta con los precios actuales!)
El local, dotado de barra, se orienta más al chateo que su anterior ubicación y parece ser que está funcionando bien por la cada vez más retraída costumbre de disfrutar del restaurante puro y duro. De tomos modos, en el soleado domingo de ramos en el que yo me dejé caer por allí, las mesas estaban ocupadas prácticaménte en su totalidad.
No es de extrañar, por que la cocina de Pablo Romero vende calidad a un precio muy contenido; el servicio es más que aceptable, la carta no ha sufrido grandes cambios y la carta de vinos ofrece un buen número de referencias  bien seleccionadas, con una RCP muy interesante.

Han dejado de trabajar el menú degustación (probablemente por encargo, no tengan problema en elaborarlo), lo cual desde mi punto de vista -como cliente- es un punto en contra; pero sé de sobras lo que exige disponer de un menú degustación y el escaso beneficio que suele dejar al propietario con respecto a la carta; por lo que estos tiempos e los que impera la supervivencia, el público mayoritario manda.

De la carta de vinos, escogí un LALAMA 2006, aunque no siendo mi mejor día para beber vino, disfruté más de la media botella que me llevé para casa, la noche del pasado lunes. Los vinos de Dominio do Bibei, poseen muchos detractores, pero este LALAMA no suele defraudar y con el acompañé los siguientes platos:

Por cortesía de la casa; un buen pedazo de empanada de vieira (o zamburiña, no recuerdo), con un relleno cocinado a la perfección y esa masa fina, traslúcida y ligera; alejada del típico mazacote que te obliga a regar con cualquier líquido que tengas a mano, para poder tragarla. Deliciosa.
Carpaccio de pulpo prensado con frutos secos (1/2 ración); de potente sabor, sin demasiados alardes, es una elaboración y una presentación diferente que sienta bien al producto , sin disentir demasiado con las preparaciones más clásicas. Buen comienzo. 



Las croquetas de choco en su tinta (1/2 ración), son un punto y aparte. Atómicas, no dejeis de probarlas, no os defraudarán.


El lomo de buey con salsa de queso San Simón es un buen plato; la salsa es más ligera y aérea de lo habitual (aunque no me gustó tanto como esperaba) y la guarnición es más que correcta. 
La pieza de carne, sin llegar a defraudarme, sufrió el peso de la cachena que me había zampado el fin de semana pasado en el Andarubel; sencillamente, con la selección de Luismi que degusté en Flavio Morganti, alguna de Maruja Limón y otra de Casa Marcelo, ha sido de la mejor carne de vacuno que probé y probare, en mi vida (y diría que superior a todas las mencionadas).


El postre, novedad fuera de carta, fue este plátano al tequila con helado de almendra. Muy rico y buena combinación de sabores, pese a que los plátanos estaban en un punto de maduración demasiado temprano. Se acompañó de un Oporto, aunque hubiese sido mejor un Moscatel...

En fin Allo y Aceite continua siendo una propuesta recomendable y baja la media de mis facturas de manera considerable. ¡PROBADLO!

jueves, 14 de abril de 2011

El menú degustación de Casa Pardo (A Coruña)

He vuelto a Casa Pardo, ha sucedido de modo inesperado y no me he arrepentido. Hacía más de un año desde mi primera visita, que hasta esta ocasión, suponía mi única vez.
Sin haber encontrado grandes cambios -está todo igualito que lo dejé-, el veredicto continua sendo el mismo; es un sitio recomendable que ofrece buenos platos -algunos excelentes- a un precio lógico y que posee una carta de vinos que deja en dudoso lugar a la mayoría de sus "competidores".

En cuanto a los platos, la carta ofrece más que suficientes posibilidades, además del menú degustación (compuesto básicamente de platos hallados en carta), posee un menú más ligero y debido a la celebración de su 60 aniversario, también disponen un menú con el rape -uno de mi peces predilectos- como principal protagonista. Este último menú, es de lo más completo y se vende a un precio bastante contenido; lo desgolsaré, por tanto, al final de esta entrada.

Para la carta de vinos, lo dicho, el comensal nadará en la abundancia de referencias, puede que incluso haya más de una sobrante... En los negocios con tal volumen de referencias, se me suele antojar que sería preferible la contención, en favor de poseer diferentes cosechas  de las mismas. Cuestión de gustos, supongo.

El menú se vende a 60 pleuros (más IVA); os daré un par de datos previos y ya discurriréis el por qué no me parece excesivamente caro:

Local de primera, con la excepción de la carencia de vistas y un exceso de iluminación (aunque no todo el mundo coincidirá en esto), menaje a la altura con una copas de nivel y un servicio del vino más que correcto. Del servicio diré lo que supongo que habré dicho en la ocasión anterior (pues me atendieron los mismos individuos) , profesionales, próximos, agradables... vamos, que muy bien.

El menú comienza con este raudal de aperitivos; croqueta de marisco, zamburiña, saquito crujiente relleno de queso con langostino y salsa agridulce, empanada de vieira y salpicón de rape. Que, ¿como vamos?; sinceramente, ninguno me ha enamorado, pero son minicreaciones con producto base de primera y huelga decir que es una entrada a menú superior a cualquier cremita de calabaza o alguna esferificación de esas...

Esta es la ensalada de bogavante, si, no veis doble; me plantaron el bicho entero dentro de la degustación. Buen producto, aunque el punto de sal era inexistente y la ensalada no me convenció en absoluto. Sin poder darle el calificativo de orgásmico, no cabe duda de  que zamparse esto acompañado de un buen cava; es un dulce que a nadie amarga.


Vamos con otro ejemplo de plato de producto; estas láminas de hígado de pato con un sencillo aliño de aceite y vinagre de Módena, con cebollino y, ahora si, sal maldon. Con el fantástico pescado que vendría a posteriori, el mejor salado de la nui.
A estas alturas comenzaba a acompañar con un Hacienda de Monasterio '05 y, como no, llegó el orgasmo de los sentidos... ¿Algún detractor para este vino?; yo no sólo no le veo fallos, si no que creo que vale lo que cuesta, que ya es decir...


El mero con patata pisada y verduritas salteadas, es un plato a la altura de uno de mis chefs predilectos. Tremendo pescado, perfectamente cocinado, platazo.


Solomillo de ternera con foie; bueno sin más, por que yo, al zampar una combinación de ingredientes similar, tengo que emitir jadeos incontenibles y placenteros,  por estar otorgando tan digno final a un par de piezas nobles, procedentes de una ternerita  y un pato; como es el acabar en mi panza.


Este multipostre fue la grata sorpresa del menú. Los multipostres, suelen esconder la falta de un postre cañón, pero en este caso ese chupito con crema de mascarpone, o el de piña colada, o un buen helado de vainilla con ricas tejas, el estupendo milhojas y la tarta de manzana calentita...  me lo comí todo; lo cual no está  mal, teniendo en cuenta la cantidad de platos anteriormente disfrutados.

Finalicé con un  par de expresos a los que, junto con la copa de cava, fui convidado. Me alegro de contar esto, no mi bolsillo, pues cuando esto sucede, lo habitual en mi,es que la propina justifique holgadamente dicha invitación; pero me parece justo que a un comensal que abonó una factura levemente superior a los 100 €, se le perdone un expresso, por bueno que sea. De camino a casa me tomé un Gin Tonic y me metí en cama contento, al día siguiente me levanté y seguí contento por haber invertido el dinero en una buena cena y no en el matarratas que años atrás me habría costado tanto o más...

No me olvido de contaros así por encima el menú basado en el rape con el que Casa Pardo celebra su 60 aniversario.
Dicho menú se compone de cuatro tapas a modo de entrantre, tres platos principales (Veira tradicional, Medallón de rape a la sartén y a elegir Caldeirada de rape, o Rape al horno), y un postre de la abuela con el café, por 39 € + IVA. No está mal.

En fin, pese a no estar entre mi top de favoritos, Casa Pardo es uno de los clásicos de A Coruña, que merece la pena probar.

viernes, 8 de abril de 2011

Bodegas Estefanía, Ponferrada (León)

Llevaba tiempo masticando la idea de visitar alguna bodega de esta zona; cada vez soy más adepto a los vinos que se producen en esa zona fronteriza. He bebido auténticas joyas bajo la D.O.  Bierzo, algunas de ellas con precios prohibitibos; pero no es el caso de los vinos de esta bodega.
Por norma general (claro que hay excepciones) los vinos elaborados con uva Mencía de esta zona (próximas a la frontera con la comarca de Valdeorras), seducen en mayor medida mi tosco paladar. En esta visita probé por  primera vez, su vino elaborado con Prieto Picudo; el CLAN, que resultó ser un amor a primera cata.

No hablaré de la historia de la  bodega, ni daré datos técnicos, pues para eso disponen de una estupenda página web. Sencillamente os animo a que vayáis probando todos los vinos que elaboran bajo diferentes D.O.; desde el accesible Tillenus Roble, hasta sus diferentes vinos de pago.
Lo que yo considero como más enrriquecedor de estas experiencias, es poder charlar con los elaboradores. En esta ocasión, he tenido la fortuna de que Carlos García, enólogo junto con Raúl Pérez, de la bodega.
Es muy de agradecer que sacase una hora de su apretada agenda para atender a un torcuato como yo. La bodega mostrada por parte de su enólogo, siempre regala frases jugosas al oido del aficionado; ver los depósitos, conocer las peculiaridades de la última vendimia, llegar a la sala de barricas y ver unos 700 toneles bién ordenaditos, es algo que siempre infunde cierto respeto y que de algún modo, aumenta la serenidad de quien lo contempla -o a mi me lo parece-.

Esta es la zona que más místicismo me sugiere en  las bodegas, pues mientras Carlos me relataba los tipos de barrica que utilizaba para cada vino, casi para cada finca y como los combinaba en distintas maderas o diferentes períodos de reposo; yo no podía dejar de pensar en él como en un alquimista  en busca de la perfecta unión, de los elementos que acabarán conformando el vino en sí.

La sala de embotellado y filtrado (sólo para los vinos de mayor producción; no para los de gama alta), da paso a uno de los almacenes donde  las  botellas reposan para acabar de pulir los caldos que contienen.


Algunos de los datos que más me han sorprendido de esta visita son los largos procesos de fermentado, reposo... el vino se hace sin prisas, sin acelerar el proceso y los resultados están ahí. También es un dato a tener en cuenta la escasísima producción que dispensan algunas cepas, de esas que con mucho trabajo y saber hacer, acaban transformados en vinos tan fantásticos, como el CLAN; según Carlos, un vino de complejísima producción, por lo difícil que resulta "domar" la uva con la que lo elaboran.  


No os doy más la chapa, sólamente me gustaría agradecer al personal de Bodegas Estefanía, el esfuerzo que supuso coordinar la visita que os acabo de relatar, con tan pocos días de antelación. Mil gracias.